CalleOjeando Zaragoza 2026. El alma en los detalles (I)
El recorrido comienza con un aroma a tinta invisible frente
a la Imprenta de Tomás Blasco.
El sol acaricia el gran letrero de cerámica azul y amarilla
que corona la fachada de ladrillo, un recordatorio de la
elegancia industrial de principios del siglo XX.
Al detenerse ante el número 8 de la calle, la mirada se pierde
en el Dintel modernista que enmarca la puerta: un relieve de piedra donde figuras aladas parecen guardar los secretos de los vecinos que cruzan su umbral de forja.
A medida que avanzas, la ciudad se vuelve más íntima.
Te encuentras en la Plaza de la Corona, un rincón donde las fachadas color crema y los grandes miradores de madera invitan a la calma.
Las sombras de las ramas se proyectan sobre las paredes,
creando un baile silencioso bajo el cielo azul.
El pulso comercial de la ciudad te asalta en los escaparates de la calle Manifestación, como "El Rincón del Fertón", donde el color y las ofertas anuncian la vida vibrante del Casco Histórico.
Cerca de allí, la figura de bronce de La Samaritana
ofrece un contrapunto clásico, sosteniendo sus cántaros
con elegancia eterna, vigila el ir y venir de la gente
entre las farolas de hierro fundido.
Finalmente, el camino desemboca en la inmensidad de la
Plaza del Pilar, donde las cúpulas de la Basílica y el sonido
de las campanas cierran este círculo de belleza, recordándonos que Zaragoza es una ciudad donde el patrimonio monumental
abraza con naturalidad la calidez de su gente.
El paseo culmina bajo el techo decorado del Pasaje del Comercio
y la Industria. En este refugio cubierto, el tiempo
se mide en tazas de café y conversaciones compartidas.
Entre las columnas ornamentadas y las estufas
que caldean el ambiente. Zaragoza se revela como lo que es:
una ciudad de contrastes, donde el patrimonio monumental
abraza con naturalidad la calidez de su gente.
(Continuara)
Texto: Miguel Sanz

















Qué bonitas! Enhorabuena!
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