EL LATIDO ENTRE PÉTALOS
Hay un silencio especial, que solo ocurre cuando los almendros
deciden estallar en un grito mudo de pétalos.
No es un silencio vacío; es una pausa cargada de una fragancia
sutil y amarga, un aroma a madera joven y polen que viaja en el aire como
un secreto compartido entre el invierno que se retira y la primavera que llega.
En estas fotografías, mi intención no ha sido solo registrar un paisaje,
sino detenerme en ese matiz del blanco roto y rosáceo que inunda los campos.
Los pétalos que parecen recortados en papel de seda,
suspendidos por hilos invisibles,
esperando la mínima caricia del viento para iniciar
su último baile hacia el suelo.
Sin embargo, la belleza de la floración es un espectáculo natural.
Al acercar el objetivo, el silencio se rompe con un zumbido,
es el de las abejas, las verdaderas guardianas de este paraíso.
He buscado capturar ese instante de contacto, donde la abeja,
cubierta de un polvo de oro casi microscópico,
aterriza con gran precisión en el corazón de la flor.
Las abejas no solo visitan la flor; la despiertan.
En cada aterrizaje, ocurre el milagro de la polinización.
Ese intercambio silencioso es lo que convierte la belleza
del pétalo en la certeza del fruto.
Sin ese festín de néctar y esa danza de flor en flor,
este mar blanco no sería nada, gracias a ellas,
es una promesa de vida que se renueva cada año.
Al perderse en el macro, uno descubre que cada flor es un mundo diferente.
He buscado capturar la textura de esa “piel” que desafía a la luz del atardecer.
El desenfoque del fondo (el bokeh) convierte al resto en una acuarela
de tonos pastel, dejando que el espectador se concentre
en el detalle mínimo y a la vez magnificado.
He intentado atrapar la belleza fugaz y captar el aroma, el color y la luz,
una alianza imposible que solo la siente el fotógrafo que la realiza.
Estas imágenes recopiladas de varios viajes
son mi forma de ver que las flores con su blancura, son vida
gracias a las pequeñas abejas que con su zumbido constante
siempre encuentran la manera de que la vida continue.
Texto: Miguel Sanz






























Un magnífico reportaje. Con la belleza de las fotos y el texto nos haces imaginar el aroma y el sonido
ResponderEliminarMILLONES DE GRACIAS AMIGO FERNANDO. Me alegra te guste. Abrazos mil
ResponderEliminarImpecable
ResponderEliminarMuy bien Miguelón, me encanta esta colección. Está vez es la Primavera de Miguelón, no de Vivaldi.
ResponderEliminarMagníficas y estupendo relato.
ResponderEliminarBellas, muy bellas
ResponderEliminarFelicidades.
Delicioso reportaje, MIguel. Casi nos hace acariciar las flores y escuchar a las abejas. Gracias!
ResponderEliminarMagnífico Miguelón, enhorabuena 👏👏
ResponderEliminarMuy bonitas las fotos y el relato 👏👏👏
ResponderEliminarQué bonito ver los árboles en flor
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